Un recorrido indecidible.

Todo impulso expresivo se objetiva inmediatamente; la expresión –afirma Th .Adorno- es lo que avanza sin plan. Pero es a partir de ella que se despliega el proceso constructivo . Expresión y construcción en su oposición mutua, constituyen los extremos posibles de la obra: Esto significa que todo aquello que pertenece al arte, que deviene obra de arte, no es un espacio ubicado en un supuesto medio cuyos límites serían la expresión y la construcción; por el contrario, toda obra significativa es experimentable como un acontecimiento que se constituye a través de los extremos, a través de su recíproca pertenencia constitutiva.

Expresión y construcción, tomados en su abstracta oposición , se transforman mecánicamente en términos que pretenden decidir sobre la identificación de lo que es arte .Entonces , ante la ascesis funcionalista, se eleva arbitrariamente la construcción a principio, del mismo modo que el expresionismo se convierte en apología de todos estos rasgos que renunciaron a la constructividad De esa forma, ya sea por el predominio de uno de los términos o por una estrategia de distribución mecánica se pretende decidir sobre el rango de la obra. Pero sin embargo, no se trata de encontrar un punto de acuerdo, un equilibrio pacífico entre dos términos, ni tampoco concebir la construcción como una especie de correctivo de lo expresivo. Se trata ,en definitiva, de renunciar a la decisión que paraliza la obra identificándola arbitrariamente para poder percibir como se articula lo constructivo a partir del impulso expresivo desencadenando un juego de fuerzas, un espacio de tensiones donde el equilibrio precario que no puede evadir ni dejar de incorporar de él la inmensa sombra que amenaza su disolución. La obra, como proceso que busca la solución a los problemas potenciales por ella misma planteados, se niega a someterse a la decisión de identificarla definitivamente con alguno de los términos puestos en juego porque ella misma es ese juego.

Ahora bien ,ni la experiencia estética ni la crítica pueden renunciar sin más a esos términos tales como " expresión "- "construcción ", "contenido "- " forma", " imagen"-" concepto " , etc.

Aún cuando esos conceptos legados por la tradición se han transformado en la repetición vacía de una " mecánica conceptual irresistible " (Heidegger ) ,resistirse a ellos no implica liberarse de ellos. Es más liberarse es imposible y además –escribe Derrida –" no tendría ningún sentido y nos privaría de la luz del sentido" (L’ escriture et la différence,47 ). Sólo resta resistirse a la complicidad que entre ellos ha establecido es "mecánica" que administra la economía de su distribución y la eleva a principio explicativo universal. Y resistir significa reconocer el juego de fuerzas, la lucha entablada entre las categorías constitutivas; lucha que no es ni un acuerdo sobre territorios dominados ni un abismo abierto en el medio: "sino que la lucha (Streit ) es la íntima mutua pertenencia (Sichzugehorens) de los luchadores" (M.Heidegger , Der Ursprunng….51 ). En otras palabras, la obra permanece como obra en la medida que la lucha ,el juego de fuerzas, permanece indecidible.

Este último es el recorrido de las obras de Gloria Matarazzo. Allí se toma el impulso expresivo en su realidad más inmediata: la limitación. Pero, simultáneamente, el límite que circunscribe y encierra deja de ser espacio cercado por cuatro líneas .Allí se desencadena un proceso donde todo se afirma que todo lo que puede ser posible tanto dentro de los límites como fuera de ellos, depende de la fuerza de transformación y desplazamiento de esos mismos límites.

El límite no es sólo el límite de lo limitado sino también límite de todo aquello que limita con lo limitado. En otras palabras : la exterioridad, el otro lado del límite, el resto de la superficie en la que se ha inscripto lo limitado no permanece ajeno como lo " otro ",sino que poner el límite de algo es también poner ese" algo" como límite del " otro ", y ese " otro " como límite del " algo " No hay ningún privilegio que permita llamar a uno "algo " y al otro "otro"; ambos son en el movimiento de los límites indistintamente uno u otro. Poner un límite es traspasar inmediatamente lo limitado.

Una figura central limitada en un espacio se pliega y repliega sobre sí misma; esa figura, tela sobre el espacio de otra tela , desencadena efectos incorporándose e incorporando a su otro sobre el cuál esta superpuesto, a través del juego que levanta y desplaza los límites. Y ese otro se convierte literalmente en un gran margen que a su vez limita con márgenes sucesivos . El límite "originario " se convierte en una sucesíon de márgenes y el espacio de tensiones entre " centralidad y "marginalidad "se constituye por el hecho que allí, en los márgenes, se acontecen cosas que, si bien tienen que ver con el centro, se transforman y lo transforman irreversiblemente.

El juego de fuerzas que se despliegan en estas obras no quiere ser una combinatoria de signo; los signos de un margen no se deducen de los signos del otro; los que pertenecen a un segmento no continúan a los de otro segmento. Ellos se relacionan entre sí pero no a través de sus semejanzas posibles o sus correspondencias identificables; se vinculan más bien mediante anticipaciones ciegas y derivaciones enigmáticas. Obedecen a un medio de relación que responde más al concepto de escritura que al de símbolo significativo. Y escritura es, según TH. Adorno , una categoría de lo moderno : "toda obra de arte es escritura….. : una escritura jeroglífica cuyo código se ha perdido y cuyo contenido está determinado en parte por esa pérdida " ("Teoría Estética", 167").
Fragilidad detenida en el tiempo.
Revista Arte al Limite.

Pequeños delicados y frágiles son los objetos que protagonizan las fotografías de la artista Gloria Matarazzo. Objetos que provienen de lo cotidiano, pero que son despojados de contexto para generar micro mundos que revelan la riqueza interior de la artista.

Tazones antiguos, pequeños juguetes, figuras de cristal, cajitas, floreros de cerámica, bolitas, plantas secas y quebradizas, semillas y platos con delicados diseños, son algunos de los elementos que selecciona y dispone para crear fotografías neo barrocas, que no buscan evocar nostalgia ,sino crear nuevas historias a través de aquellas imágenes atemporales y presentes que van más allá de lo visible.

“Comencé a retratar pequeños objetos sobre fondo blanco, en forma secuencial. Objetos simples que apelan a lo frágil, lo leve y transitorio." dice Matarazzo sobre el proyecto que comenzó con el nombre de Levedad Suspendida y continuó como Certeza de Materia. Siempre con la misma consistencia conceptual en su obra busca salir del tiempo sin recurrir a la memoria, utilizando los mismos objetos en distintos roles y estableciendo un movimiento en cuanto a sus respectivas relaciones.

Desde pequeña, Gloria Matarazzo, desarrollo la capacidad para conectarse con el presente y observar pacíficamente todo aquello que la rodeaba". Me recuerdo como una niña silenciosa y contemplativa, en consecuencia bastante sensible", afirma y está segura de que el amor de sus padres por la cultura y el arte la condujo a desear dedicarse desde muy pequeña a la pintura y posteriormente a la fotografía. Así fue como inició sus estudios a los 13 años en el taller del renombrado pintor Kenneth Kemble, una experiencia de gran importancia para ella, e incluso mágica, según recuerda, porque su maestro estaba en pleno apogeo de su carrera informalista, por lo que ella aprendió tanto de su obra como de su vida personal y cómo una influía en la otra. Además comprendió la particular visión de Kemble en torno al arte, ya que para él ,vida y arte eran una sola cosa, asegura Matarazzo.

Es esa influencia lo que llevo a la artista experimentar la estética de forma integral en su vida desde la creación artística hasta lo más cotidiano y desde allí surgen los objetos con los que trabaja. Para ella, la estética está en todo lo que la rodea, es una constante en su vida diaria por lo que la contemplación es continua y también la parte más relevante de su obra. Gloria Matarazzo lo explica así: Tengo una visión y una vivencia estética de la vida, creo que mi obra es la consumación matérica de cómo estoy posicionada en el mundo. También creo que la obra continúa su proceso más allá de su ejecución, por lo que considero que esta entrevista también es parte de mi obra".

Para la artista , la concentración y atención son dos actitudes indispensables a la hora de llevar acabo sus creaciones. Ella selecciona los objetos, despojándolos de toda carga referencial y comienza a buscar las relaciones que los convocan para definir conceptos como la vulnerabilidad, lo efímero, la trasgresión, la vida, la muerte y lo pasajero. Todos temas comunes al ser humano.

Matarazzo trabaja sin detenerse, mueve las piezas y las cambia de lugar en un proceso activo, reflexivo y meditativo. Además de las sesiones fotográficas ,su proceso creativo se completa con la edición:" Para mí es fundamental, ya que al hacer tomas secuenciales, necesito tener presente la idea macro que apela a conceptos abstractos, pero en un punto casi tangibles", dice la artista.

Así como las hojas de los árboles se sienten suaves cuando son parte del árbol, pero al despojarse de él, de la fuente de vida, se vuelven quebradizas, las fotografías de Matarazzo dan cuenta de esa fragilidad inherente de esa naturaleza en general, y por ende, de nuestra vida como seres humanos. Ese punto de vista, en su trabajo, busca hacer consciente al espectador de una sensibilidad olvidada por la sociedad acelerada en que vivimos, la que sólo exige preocuparnos por el futuro –a pesar de que no existe- y casi no permite que nos detengamos a contemplar el presente, es decir, nuestra realidad. "Tengo una profunda conexión con lo que necesito comunicar con mi obra. Creo que cada espectador ve y siente cosas muy particulares con respecto a ella y esto me parece muy atractivo ya que busco que mi obra sea abierta de significados", dice Gloria.

En ese sentido, la artista, a través del placer visual que provoca la delicadeza y fragilidad expresada en su obra, busca que el propio espectador sea quien descubra su mundo interno frente a la reflexión que realiza en torno a la fragilidad del ser humano, la que no sólo reside en el cuerpo sino que también está dentro de nosotros, en nuestro ego, en nuestros miedos, en nuestra felicidad, en definitiva en nuestra mente y emociones.

Gloria Matarazzo invita a realizar el ejercicio de parar el tiempo para que aprendamos a detenernos en el presente a contemplar sus obras y observar la vida tal como es ,emocionarnos con los detalles, con la simpleza de la vida, la delicadeza y la fragilidad, ya que eso no sólo se encuentra en la visualidad del objeto que la artista dispone a los ojos del espectador, sino que también, en lo intangible ,en la esencia del mundo de cada persona.

Imágenes Neobarrocas.

¿Cuál es el gusto, si es que existe, de nuestro tiempo ? Omar Calabrese cree haberlo hallado y propone para él la denominación de "neobarroco". Lo define como la búsqueda de formas no integrales ni globales sino fragmentadas e inestables, junto a la predilección por el exceso y el detalle.

Podemos encontrar en los cuadros –objetos de Gloria Matarazzo las huellas de la existencia de ese gusto propio de la "era neobarroca ". Como en un campo de batalla estratégicamente desestabilizado por un exceso de fragmentos-pequeños papeles recortados y pegados, por lo general, brillantes, compiten en sus trabajos el ver y el comprender, la seductora exterioridad de los signos y su confusa referencialidad. Hay formas ligeramente reconocibles, rastros de cuerpos que escapan a la simetría y dibujos que componen complejas tramas. Todo responde a un paciente y cuidadoso hacer artesanal, a la necesidad inmediata de hallar efectos siempre sorprendentes de brillos y texturas, y la necesidad final de transformar el exceso en sistema.

Al igual que el lector de un relato donde se han destruido las conexiones sintácticas, el espectador debe recorrer el cuadro para conectar las partes divididas. Si en "Matices ",una instalación de 1990,el cuerpo del receptor se convertía en protagonista principal, corresponderá ahora tal protagonismo al acto de la visión.

Pero no sólo la visión del espectador es protagónica. También objetos periféricos como los vidrios que protegen los trabajos y los marcos antiguos, de atractiva presencia, pasan a desempeñar un papel central. Enlazan el mundo de ficción con nuestro mundo inmediato, desplazando los límites de lo tradicionalmente reconocido como "artístico". Esa doble inclusión contribuye a resaltar la nota de exceso que brota desde el interior del cuadro. Contradiciendo la función exclusivamente protectora, el vidrio operara como un elemento plástico más. Es dibujo, trama y relieve de cualidades táctiles. Superpuesto al collage, permitirá el paso de la luz pero, por momentos, no dejara ver sino confusamente lo que hay detrás. Como el brillo del papel, contribuirá también a la disolución de las figuras.

A diferencia de los productos de la comunicación de consumo masivo, en los cuadros-objeto de Matarazzo la retórica neobarroca del exceso no constituye un juego vacío. Responde a la tensión de significados que tienen por centro a la existencia humana y que son también sentidos como "excesivos" .¿Que decir en un instante, en el breve espacio de un cuadrado , cuando hay mucho que decir? .Quizás la única manera de hacer presente este decir sea el disimulo estratégico, el brillo y los detalles obsesivos de la imagen total.
Si hay un camino, yo quiero transitarlo.

Ellos no lo saben, pero lo presienten, algo va a suceder.

Con un fuerte clima de inminencia, la serie de obras que Gloria Matarazzo presenta en esta exposición, funcionan como secuencias, como fotogramas con un alto grado de apremio.

En estado de tensión y en alerta, somos testigos de algo que se aproxima. El camino debe ser transitado, debe ser atravesado y pasar a la instancia siguiente.

Se avecinan nuevos tiempos.

Silenciosos, se dejan llevar por su intuición.

El relato que atraviesa toda esta serie de trabajos, funciona a través de la superposición y acumulación de situaciones. Se emparentan con el cine. Y presenta algo que es característico en la obra de la artista, que ya estaba presente en otras series y es la utilización de la fotografía mas como excusa que como herramienta.

Sumergidos en la duda, avanzan juntos hacia nuevos horizontes.

Con la certeza de una poética sincera, estas obras avanzan por caminos que no son inciertos, sino más bien concretos. La potencia de que de un momento a otro todo puede colapsar, es lo que los hace más poderosos y estables.
Tiempo de tiempos.

¿Qué se esconde en los objetos? En la mente, las cosas se vuelven imágenes y nos llevan a paisajes emocionales. Las cosas guardan un abanico de recuerdos. En su obra, Gloria Matarazzo propone un camino para hacer cosas con recuerdos, borrar la línea espacio-tiempo y teñir el ambiente con una pátina de atemporalidad, transfigurar.

"El tiempo presente y el tiempo pasado están los dos, acaso, presentes en el tiempo futuro", anuncia T.S. Eliot al comienzo de sus Cuatro cuartetos. "Y el futuro está contenido en el pasado." ¿A qué momento de la línea histórica pertenecen esas teteras, esa vajilla de campo que vemos apenas, desdibujadas por el velo de la memoria? ¿Y a qué territorio del afecto corresponde esa vasija de la China?

Pueden tratarse de recuerdos del futuro: algo todavía no vivido pero de lo que se percibe el final, como en el primer día de vacaciones, el arribo a un paraíso esperado pero con la certeza de conocer desde el principio la fecha en que ese recreo se va a terminar.

Pueden ser instantáneas del presente, un presente que se difumina en una capa de bruma. ¿Qué nos separa de lo que más queremos? El deseo está un paso más allá, nunca se alcanza: atrás de un vidrio esmerilado o empañado, atrás de una nube pasajera pero densa. Los elementos de una escena cotidiana se convierten aquí en señales que condensan belleza y nostalgia.
Enmarcar, delimitar, marcar, definir el territorio.
Revista Artinf.

Interrogarse por el marco de una obra de arte es interrogarse por el límite; enmarcar, en cambio, es tomar partido por un límite, es zonificar.

Ante la pregunta se pone en cuestión- una vez más – donde empieza y termina el arte; cuál de los espacios es el real y cuál es el espacio plástico.

Gloria Matarazzo no esconde el marco –límite, la evidencia, lo hace jugar. Y lo hace jugar con operatorias y modalidades diferentes; que por momentos vela lo de adentro -siluetas,sombras ? –impidiéndonos ver claro a través del cuadro –ventana. Sea por la pérdida de la luz y la nitidez de la escena poética, sea porque un elemento por demás cotidiano ha quedado prisionero dentro, nuestra mirada se confunde.

Solo la posición del marco es clara, es límite y se sabe con certeza que allí está.

Lo de adentro es otra instancia. Pausa.

Diferente de lo de afuera y de lo que está al lado.

El conjunto de sus imágenes – en Galeria Filo- propuso un juego de dificultades y ritmos para la visión del observador: los velos, las nuevas luces, los diferentes formatos le exigen acomodar el ojo para alcanzar a ver.
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